
Hoy cumplí 31 años. No, no 31 años de no escribir en este pinche blog culero. No. 31 años de edad. Normalmente no celebro esta fecha porque… bueno, la verdad no sé. No es que esté amargado y me cague, no. Me gusta cumplir años. Digo, no es algo que considere rutinario, ya que, en realidad, es algo que pasará relativamente pocas veces en mi vida. No más de 100 veces, quizá. Tampoco pienso en mi cumpleaños como lo más emocionante de la semana o algo así. Sin embargo, siempre termina por ocurrir algo especial.
En el pasado, mis cumpleaños han sido peculiares; en una ocasión, en Nueva York, nadie supo que era mi cumpleaños, hasta en la noche, y me felicitaron durante algunos segundos y después nos fuimos a cenar conejo. En dos ocasiones, mi mejor amiga me organizó lo que viene siendo la fiesta sorpresa y, aunque fue difícil lidiar con la sorpresa, por supuesto, fueron fiestas increíbles. En fin; han sido cumpleaños variados, pero en todos y cada uno siempre he estado con gente maravillosa.
Hoy ocurrió lo mismo. Me desperté sin tener algún plan especial; trabajar, comer, trabajar, cenar, dormir. Llegué con la banda de Level Up por la mañana, para grabar Level Update y, bueno, las felicitaciones que recibí de toda la banda (Rex, Chuche, Antaars, Enrique, Ro, Garguis, los nuevos, el Cuáquero, Guaripollas) me llenaron de ánimo. Por supuesto, uno de mis mejores amigos, Quiñones –a quien el mundo conoce como JaWD, pero para mí es Quiñones Chabadoo, AKA Hombre Granada–, puso el pastel en la mesa y me cantaron las mañanitas, versión completa, con estrofas inéditas.
Luego, en mis actividades Offworld, mis amigos me echaron a la alberca con ropa, siguiendo la tradición del equipo.
Después me fui al Matukplex a grabar Token; el inge Matuk y Pont me recibieron con unos abrazos de tamal y unos regalazos increíbles; minutos después llegó el gran Monchis, quien organizó el pastel; usó una vela de Blanca Nieves y unas velas coloridas, pero sólo para distraerme, pues luego me embarró como 400 gramos de crema batida en la cara. Luego lo besé y le embarré crema a el también. Y luego empezamos a quitarnos la crema con la lengua, removiendo nuestras prendas poco a poco mientras Pontón grababa y se tocaba. No es cierto. Fue cierto hasta lo de “400 gramos de crema batida en la cara”. Bueno, también embarré un poco de crema en el cachete de Monch.
Mi chica me acompañó al Matukplex y al terminar de grabar, nos fuimos a tomar chocolate caliente y a llenar los desafíos de la manteleta de papel de Los padrinos mágicos con unas crayolas. No sabíamos nada de los Padrinos mágicos y, salvo una respuesta que estaba regalada, fallamos en las demás.

Por supuesto, la mayoría de mis amigos me llamó o me mandó mensajito. Mi familia también me felicitó por teléfono y mensajitos. En el Face del infierno también me felicitaron y por Twitter un montón de dudes y dudettes me desearon feliz cumpleaños y, aunque no tengo el gusto de conocerlos en persona, les agradezco con todo el corazón.
Claro, mi compadre El Carqui y Freddy Campeón me llamaron también. Sus mamás no, porque ya no me llevo con ellas.
Curiosamente, hoy reflexioné sobre cómo conocí a Quiñones-Hombre Granada. Esa historia la he contado muchas veces. En 2001, en editorial Alce, Granada me veía y me zapeaba; pero no eran zapes ligeros, no. Eran zapes ojetes, macizos. Hasta que un día me empezó a doler bien cabrón la cabeza y, nunca supimos, pero Granada asumió que había sido por alguno de esos zapes, mal dado, y se disculpó. Un día llegó y me regaló un cartucho de N64, uno de Tony Hawk por haber aguantado tantos zapes sin resongar. Descubrí que Granada, además de golpeador, era una persona bien amable, a su manera, y honorable. Por eso me nació, un día, regalarle una playera de Snoopy, que sabía que le gustaría. Luego nos echamos crema batida por todo el cuerpo y no, no es cierto. Es cierto hasta lo de “playera de Snoopy”. Reflexioné sobre eso porque hoy me dijo cuántos cumpleaños iban ya que me felicitaba. Muchos, muchos ya. Y entre cumpleaños y cumpleaños hemos vivido muchas cosas juntos. Y es bien emotivo saber que una persona cualquiera, que vi por primera vez sentada en un cubículo al que llamaban búnker, años más tarde se convertiría en uno de mis mejores amigos.
Y no sólo Quiñones. Todos mis amigos, todos, saben que tengo una historia igual para ellos. Y que, además, han aparecido varias personas cualesquiera, entre cumpleaños y cumpleaños, con quienes también estoy creando vínculos difíciles de romper.
Durante 31 años he estado rodeado de gente valiosa y me gusta saber que quienes me rodean ahora, elegidas por mí, son personas increíbles, que me hacen sentir que nunca me hará falta nada. Y me hacen sentir muy feliz.
Muchas gracias, amigos.
PD. No he posteado en este blog de mierda porque no sé cómo usarlo y he perdido bastante el interés. Y, sí, sé que preguntarán qué pedo con el Show 4. No he tirado a la basura la idea de continuar con el Show, chicos, pero la que pasó fue una temporada bastante atareada. Espero poder contactar pronto a DJ Venegas (el 50% del Show), para poder llevar diversión a sus hogares otra vez muy pronto. Gracias.








“FUCK YOU! FUCK YOU! I’M FUCKIN’ DYING HERE! I’M FUCKIN’ DYING!”